Una canción fantástica con la que todos hemos saltado alguna vez a la comba, además de aprender a deletrear el nombre de María, que es verdad que tiene cinco letras (cuéntalas y verás que es cierto).
Antes de que la electricidad
llegara a todas partes, los faroleros se encargaban de encender
las farolas una a una. Fuentes allegadas a PequeNet informan que
el que ocupaba este puesto en la Puerta del Sol de Madrid no
aprobó las matemáticas, aunque lo intentó
muchas veces.
Dos y dos son cuatro,
cuatro y dos son seis,
seis y dos son ocho
y ocho, dieciséis.
Y ocho veinticuatro
y ocho treinta y dos.
¡Ánimas benditas,
me arrodillo yo!