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Muriéndose de risa
Nunca es bueno reirse de las desgracias ajenas,
pero si eres una farola, entonces tienes permiso
para reírte de los estudiantes y los pájaros con
sombrero.

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De los pies a la cabeza
vestí ayer a un pajarito,
para sacarle a paseo,
con sombrero y con manguito.
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¡Ay!, chúngala, catachúngala,
¡Ay!, chúngala, catachón,
¡Ay!, chúngala, ¡cómo me río
con todo mi corazón!
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