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La huida: Capítulo II

De pronto, algo me cogió. Me dio la vuelta y me puso en
un lugar calentito y mullido; yo, estornudé y me froté
el ojito, que se me estaba hinchando últimamente... intenté
mirar.... ¡era una mano! ¡y unos ojos grandísimos!.
Una niña y un niño me tenían en su mano.
- Mamá ¿dónde está la comida de la
tortuga?- dijo la niña
Y entonces me pusieron otra vez en el agua, ahora boca abajo.
Al rato noté como caían al agua unas cáscaras
de algo seco... lo olí... ¡eran cáscaras de
gambitas! ¡Camarón seco! Me lo intenté comer
con mucho apetito, pero estaba ya muy torpe... ¡Hum! casi
lo atrapo... ¡Hum! casi otra vez...los niños se reían.
¡Hum! ya lo cogí.
Comí todo lo que pude, aunque, en realidad era muy poco.
Llevaba muchos días sin comer nada, y el estómago
se me había encogido. Me notaba constipada, y con pocas
fuerzas. Me dormí. Estuve durmiendo hasta que noté
movimiento en el agua. Mi compañera flotaba sin peso, como
vacía, como una gambita.
Nos llevaban a la ventana... nos colocaron en el alféizar.
Me encontraba de momento con más energía por la
comida, pero, sabía que duraría poco. Comer gambitas
es como comer palomitas... llenan el estómago, pero ninguna
vitamina...
Otra vez volví a estirarme sobre mis patitas, y sacándolas
todo lo que pude del caparazón, me estiré y me estiré
intentando alcanzar el borde del muro... ¡ya casi llego!
un poco más... ¡ya lo tengo! arriba, arriba el caparazón...
¡Caí! ¡Caí hacia fuera! caí boca
arriba. Me puse bien de un salto. Miré. ¡Estaba en
la hierba! ¡estaba en un jardín! Miré por
última vez al cubito de plástico blanco, y le dije
adiós. Adiós tortuguita.
Y comencé a caminar adelante, siempre adelante...
 
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La tortuga


En realidad, soy una tortuga acuática, aunque me
encanta tomar el sol en seco, y luego, cuando noto los ojos muy
resecos, me tiro al agua de cabeza...
Las tortugas como yo adoramos el sol, y el buen tiempo. ¡es
lo mejor!.
Pero no todo el mundo conoce nuestros
gustos, ni como cuidarnos bien.
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